Puedo dejar de escribir con mis manos, pero no con mi mente. La pluma de mi mente escribe en cada instante, es una cascada incesante. A veces sí, cuando el ruido de la vida me distrae se detiene por un momento, pero sigue, en el silencio, regresa esa voz que me dicta y se obsesiona. Puedo asegurar que empecé a escribir antes de que aprendiera a leer, antes incluso de aprender a escribir con las manos, de asociar las palabras en construcciones de un idioma. Lo hice quizá a la par que mi gusto por las mujeres se desarrollaba. Es muy probable, incluso que mis primeros poemas están en las paredes del kinder. Ahí por primera vez el tiempo se detuvo al mirar los ojos azules de un niña que al mirarme sentía que la mismísima virgen me miraba o que un ángel iluminaba mi vida. Yo no iba a la escuela a aprender, iba a mirar a la niña de los ojos azules y a escribir, a retratar con mi mente todo lo que provocara algo en mi. Mis manos son lentas y el lenguaje al ser sucesivo es más q...
Paso y dejo lo mío, luego se vuelve tuyo es entonces un pozo, si bebes de él se llena si no se vacía y marcho a galope, vas y voy y vamos dejando algo que de a poco me describe pero nunca me alcanza. Somos un enigma, y nos vamos conociendo, en cada letra me describo y juego a que te mires, porque en ti me veo y a veces nos encontramos, gracias por pasar por la ruta en la que sigo danzando.