A mi mamá se le olvida el Alzheimer cantando y tomando conmigo. Un juego raro e injusto sucede en la cabeza de Coco, mi mamá, un juego donde las reglas se escriben a diario, a cada instante. Sí, le pasa algo, no puedo negarlo más. Lo hice, como todos lo hemos hecho, negar que algo sucede para evitar enfrentarlo, pero algo le pasa. No hay, al rato se le quita. Hay quizá posibilidades de entrar en su mente de muchas maneras, pero no frontal y con preguntas efímeras, todo se le empieza a ir de a poco. Él ¿Cómo estás? Se convierte en un laberinto imposible donde todo regresa al mismo punto; me pregunta tres, cuatro veces y yo le repito diez veces y de colores diferentes, porque cada vez entiendo más el juego y lo comparto con ella. Ahora la acompaño me dejo guiar por su mente desbocada, y en parte me da gusto que sea así, que no regrese al terrible encierro de reglas donde siempre vivió. ¡Ah mi Coco! ¿Cuántas horas perdidas tratando de entender la vida?, y al final todo ...
Paso y dejo lo mío, luego se vuelve tuyo es entonces un pozo, si bebes de él se llena si no se vacía y marcho a galope, vas y voy y vamos dejando algo que de a poco me describe pero nunca me alcanza. Somos un enigma, y nos vamos conociendo, en cada letra me describo y juego a que te mires, porque en ti me veo y a veces nos encontramos, gracias por pasar por la ruta en la que sigo danzando.