Creo que entender qué es la vida sucede así, de repente, de sopetón, como ese aguaceraso que nos cayó cuando estábamos llegando a los tacos, pero fue perfecto para cenar en medio de una noche profunda y una tormenta que nos obligaba a seguir ahí. Escuché atento tus palabras, repletas de ansiedad, de cuestionamientos; te oí hablar desde el fondo de tu corazón, con miedo, con duda, con certeza, con ansiedad, con todo eso que nos da la juventud unido a tu personalidad tan desenvuelta y directa. La vida ha acelerado tu proceso de madurez, así es: te tocó una historia que te exige despertar y reaccionar rápido, no quedarte en la burbuja de las ilusiones familiares. Creo que si a uno le llega ese tipo de historias es porque es capaz de sobrellevarlas; es raro, ilógico, pero lo creo. Pareciera que cada quien carga lo que puede cargar, pero a quien le dan de más y lo enfrenta desarrolla un músculo mayor, uno que le sirve para cargar y para ayudar a los demás. Me siento muy orgulloso de ti, mi ...
-Sigue- me lo digo al empezar a correr y sé que hoy es uno de esos días, —sigue— me lo digo así, sin tanto rollo, simplemente lo repito una y otra vez, —sigue— y ahí la enredada cadena de pensamientos se empieza a aceitar, el tiempo avanza y mi cuerpo suda, —sigue— le digo a todo mi cuerpo que quiere detenerse, —sigue— le digo a mi mente que insiste en que no tiene sentido, en que nada lo tiene, en que la vida que me tocó es injusta, —sigue— grito de inmediato para espantar esa sensación de víctima que quiere penetrar mi mente, —sigue— grito más fuerte, y allá a lo lejos se dejan ver los ojos de un sol escondido entre las faldas de las nubes. Ahí está. Eso es una pequeña señal de que hay algo más, —¿cómo es que el sol sigue sin reclamar? ¿reclamará? ¿acaso el sol renegará de su naturaleza? —¿por qué me tocó ser el sol y no la luna? ¿pasará? Me lo digo y me río, o eso creo, porque pasa frente a mí una señora que a buen ritmo se encuentra de frente con mi cara y me mira un poco aterrada....