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SIGUE

Dedicado a mi querida Cris —Sigue— me lo digo al empezar a correr y sé que hoy es uno de esos días, —sigue— me lo digo así, sin tanto rollo, simplemente lo repito una y otra vez, —sigue— y ahí la enredada cadena de pensamientos se empieza a aceitar, el tiempo avanza y mi cuerpo suda, —sigue— le digo a todo mi cuerpo que quiere detenerse, —sigue— le digo a mi mente que insiste en que no tiene sentido, en que nada lo tiene, en que la vida que me tocó es injusta, —sigue— grito de inmediato para espantar esa sensación de víctima que quiere penetrar mi mente, —sigue— grito más fuerte, y allá a lo lejos se dejan ver los ojos de un sol escondido entre las faldas de las nubes. Ahí está. Eso es una pequeña señal de que hay algo más, —¿cómo es que el sol sigue sin reclamar? ¿reclamará? ¿acaso el sol renegará de su naturaleza? —¿por qué me tocó ser el sol y no la luna? ¿pasará? Me lo digo y me río, o eso creo, porque pasa frente a mí una señora que a buen ritmo se encuentra de frente con mi cara ...
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TODAS LAS MAÑANAS

Mis ojos alumbran la orilla del universo,  una delgada mujer corre con su perro,  el cielo se asoma, abre un pasillo de voces,  vuelvo a pensar en ti cuando me guiabas:  sembraste huecos adrillos de miedos. Respira entre vagones de tiempo,  no ha nacido el martes que me lleve,  seré la luna abierta que danza sin soles,  el brillo-canto de mis palabras se extiende. Sopla el mar y el fuego, la voz se corta, he muerto y he vencido aquel río desierto, he nacido precoz sin estirpe ni lastre,  son las horas sin tiempo, el volcán abierto. "Buenos días" grita un hombre riendo,  paso las calles entre colores de carne fresca,  Lua me arrastra, arde en ánimos por jugar,  perros corren de un lado a otro. Los niños cruzan la acera, autos detenidos,  autos guiados por seres dispersos,  me miran y se ven, arden entre deseos,  voces sin fondo, ¿a dónde van?, grillos arriba. Nubes que abrazan un sol inexorable y lacio,  un sol qu...

LA PARTIDA DE SIMÓN

Dedicado a Mi María y su Simón A mí también me duele que se vaya Simón . Era inquieto, latoso y muy escandaloso, pero era el perrito de María, mi hija: el que llegó en su cumpleaños número siete y se quedó a cuidarla diecisiete años . -Eso no pasa, esta raza vive catorce o quince años, a lo mucho, pero no más- nos dijo el veterinario minutos antes de dormirlo . Cuando llegué y vi a María cargando a Simón con ese amor mezclado con dolor, sentí ganas de llorar, pero me contuve y la abracé . Estaba muy nerviosa, aunque escuchaba con atención lo que el doctor explicaba, y que sin duda era lo mejor . Simón aún me miró. Pude hablarle y acariciarlo, pero ya no reaccionó . Su cuerpo había colapsado: llevaba días sin retener alimento ni agua, vomitaba todo. Estaba a punto de morir . El doctor le aplicó una inyección y salió para que nos despidiéramos . Entonces empezó el llanto, uno imposible de evitar, uno que dolía . Me dolía ver a María, ver cómo los ojos de Simón se apagaban lentam...