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DÍA 170

Mi alarma sonó a las 4am, era una aviso de mi calendario: Día 170. me desperté, lo vi y pensé, ¿cientosetentadías sin sexo? ¿cómo llegué aquí? cómo logré detener esta ansiedad de tener sexo, de buscar mujeres para sólo vaciar este deseo sexual.  Puede parecer estúpido para alguien más pensar en que el sexo te pierde porque no estoy hablando de que era un adicto a putas o a tabledances. Mi problema era que me perdía en cada relación, me quería quedar a vivir. "es que sólo es para coger no para casarte" me decía mi amigo, aquel niño que creció conmigo y que ahora dejó de ser mi amigo para convertirse en mi abogado y en el hermano mayor que va dictando cátedra de la vida con su vida repleta de orden y éxitos. ¿por que te enamoras? me preguntaba una y otra vez, y la respuesta quizá llega ahora después de 170 días sin penetrar otro cuerpo que no sea el universo de pensamientos para entender en dónde me perdí. Sí, tenía razón el chango, porque así le dicen al abogado. Parecía que en cada mujer que besaba tenía que colonizar y lo hice ya con tres hijos en dos familias y muchas relaciones atrás en donde no he hecho más que sembrar y luego partir. Me detuve para poder entender algo de mí. ¿Quién es el que hace el amor? ¿quién es el que guía mis pasos? hay algo más que no soy yo, porqué pienso que no eres tú, no soy yo el que escribe como no eres tu el que lee, es quizá un ser que responde de forma automática, que se extiende entre voces de reglas y costumbres que no vive, anda y nuchas veces sólo ve pasar la vida o quizá es esa fuga de aceptar la responsabilidad las consecuencias de mis actos, de andar así a tientas, por eso dejé de tener sexo para volver a sentir, para oir, para saber si era yo o el niño ansioso por sentir un abrazo, dejé de besar vaginas para entender que quería descubrir después del éxtasis de placer, dejé de tener sexo para volver a mirar el corazón y no sólo ver el cuerpo. Dónde empezó este deseo de querer cogerme a todas la mujeres que conozco. Sí, tenía razón ella, todas las mujeres que aseguraban que sólo quería seducir, que quería hacerle el amor a muchas porque tampoco es que a todas, pero si a muchas, y quizá es un don, pero el don se vuelve un arma mortal cuando lo usas y te destruye, te vacía. Ya no puedo prometer nada, no quiero mirar más los ojos de quien se enamora. Silencio, ahora he podido recuperar el silencio aunque es cuando más voces llegan. Algo se oye en este día, algo se esparce al escribirlo. No hay sólo un día más, no hay sólo una tarde más, he despertado respetando la vida de las mujeres y la mía. He despertado al sentir que puedo domar este instinto, hoy. Cómo la máxima de los alcohólicos anónimos, hoy llevo ciento setenta días sin hacer el amor.




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