Besar en la oscuridad me ponía en trance, era un juego de niños que aprendí muy chico. El amor era a escondidas, se alimentaba de miedo, de sombras, de actos prohibidos que provocaban culpa "hacen la guerra públicamente y si hacemos el amor publicamente nos encarcelan" algo así dijo Lennon, y yo lo creo y lo viví. Quizá mi precocidad no era normal, pero es aún más anormal cuando todo lo que tiene que ver con el amor tiene que pasar por un filtro de reglas basadas en el miedo y la represión, "no te toques ahí" me decían una y otra vez de niño. ¿Por qué "ahí" y no pene, porque partes privadas y no sexo? siempre me interesó saber porque se esconden las palabras y me encantaba provocar diciendo las palabras abiertamente, claro que para eso me entrené, un ejercicio que inicié escuchando lo que sonaba adentro, en mi corazón en mi alma y otro aparte, como suena afuera. No lo hice de un día para otro, como no aprendí el juego prohibido de un día para otro, los besos detrás del closet jugando a las escondidillas, me enseñó la adrenalina de lo prohibido, y tal parece que me volví adicto a ese juego "ah porque no puedes dejar de tener una y otra novia" me dijo el compadre y yo no tuve más respuesta que mostrale un espejo ¿porque no puedes dejar de tomar? le contesté riendo, ya entendí me dijo riendo aún más fuerte. Cada quien sus vicios, como cada quien su vida. Es tonto una medicina para más de uno, los dolores son parecidos pero nunca son iguales, cada persona, es un planeta con sus propias sistemas, y es imposible tratar de meter a todos en un molde, nos asfixia, por lo menos a mí me estaba matando esa forma de mirar la vida con tantas reglas y tantas máscaras. Quizá todo empezó mucho antes de que yo naciera, quizá la idea de amar no la aprendemos sólo la recordamos, pero todo esto son suposiciones, y a veces justificaciones, que si nos desagradan las descartamos. Hace tiempo que dejé a un lado mi peculiar forma de amar, una que se aferraba a un estado de pasión, de entrega absoluta un romeo que por más que recordemos la devoción que sentía por Julieta horas antes de conocerla no tenía ojos para otro mujer que no fuera para su Rosalina. "La religión devota de mis ojos convertiría lágrimas en fuego
si tan grande mentira mantuviera.
¿Otra más bella? ¡El sol omnipotente
no vio su igual desde que el mundo es mundo!" Y que sucedió horas después: Romeo murió por otra mujer. Que veneno más terrible el sentir que el amor te desahucia al extremo de no soportar la existencia sin tu amante y sin embargo ahora me desconozco y me reconozco con otra cara, otro disfraz uno más ligero, que no deja entrar la fe manca y retocida de amar por soledad, pero si la paz que nos da el saber que nada es para siempre que al despertar mirando tu rostro, me veo y me invento, estás aquí sin conocerte, te oigo, y lo he escrito en servilletas, en cuadernos sin pasta, poemas cortados a mano con doble hilo, el amor que es amor, y que traspasa cualquier tormenta, sólo puede estar cargado de amor, valiente y claro amor que evoco ¿dónde estás? estás ahí reflejada en tu aura, en esa paz que me da mirar tus ojos, aunque aún no sepa quien eres, pronto llegaras a cabalgar conmigo, despierta. Puedo amarte, porque he aprendido a amarme sin juicios ni pretextos, puedo volar con tu alma porque es mi alma libre, puedo oirte porque me oigo, canto divino de vida que me alumbras, déjame caminar de tu mano y atravezar este raro y misterioso viaje de la vida.
Dedicado a Mi María y su Simón A mí también me duele que se vaya Simón . Era inquieto, latoso y muy escandaloso, pero era el perrito de María, mi hija: el que llegó en su cumpleaños número siete y se quedó a cuidarla diecisiete años . -Eso no pasa, esta raza vive catorce o quince años, a lo mucho, pero no más- nos dijo el veterinario minutos antes de dormirlo . Cuando llegué y vi a María cargando a Simón con ese amor mezclado con dolor, sentí ganas de llorar, pero me contuve y la abracé . Estaba muy nerviosa, aunque escuchaba con atención lo que el doctor explicaba, y que sin duda era lo mejor . Simón aún me miró. Pude hablarle y acariciarlo, pero ya no reaccionó . Su cuerpo había colapsado: llevaba días sin retener alimento ni agua, vomitaba todo. Estaba a punto de morir . El doctor le aplicó una inyección y salió para que nos despidiéramos . Entonces empezó el llanto, uno imposible de evitar, uno que dolía . Me dolía ver a María, ver cómo los ojos de Simón se apagaban lentam...
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