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no fuiste tú, ni tus palabras, era esa idea que tenía de amar, pero
también estaban tus ojos al final de esa duda que tenía de seguir, de
levantarme, también fue esa cascada de historias que me divertían, que me
hacían seguir oyéndote. En el fondo sabía que sólo era eso, una noche sin
límite un pozo de luz sin tiempo que nos hacía abrazarnos, que nos proponía
tirarnos uno a lado, del otro. Qué lejos estás de mi, pensé, y me quedé callado
y me respondiste con otro silencio pero uno repleto de tanto humo que me distrajo,
y me caí. Te seguí oyéndote, pero cada vez me oía más a mí y este golpe de
estado que dan las mil voces que amputan mi razón, que me dejan sin poder, sin
ninguna esperanza de seguir. Ya habías llegado a decirme que los hombres se
robaban tu confianza que ibas dejando tu energía en hombres sin mucha visión y
ahí me di cuenta que cruzar la avenida de historia para llegar a ti no era lo
que deseaba. No tengo nada que ofrecerte, una mirada repleta de heridas y
traiciones, de malas decisiones que me han dejado caminando a lado de la
carretera. Me fui, hui de casa para regresar sin alas, nada, nada puedo
ofrecerte más que este mapa que tracé entre locos y huidas, llegué al final de
mis miedos, no tengo más miedos, he muerto tantas veces que estoy en horas
extras. He sembrado mi semilla, no estoy muy orgulloso de eso, te lo digo de
frente y sin remordimientos, tampoco es que me arrepienta, porque las vidas que
he traído no son mías, aunque los quiero y me quieren, ya son de ellos, de sus
propios deseos, no tener que nada te enseña a dejar que sean, pero no me sigas,
no quiero más vidas a mi lado, he caído en un espiral, que me lleva no se a dónde,
pero no quiero jalar a nadie más. Espero salir, siempre me levanto pensando
pero cada vez me alejo más de la orilla y no sé cómo volver, entonces mejor
dejo a todos en paz y me entrego al oleaje manso y traicionero que guarda la
mar.
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