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AYER LE VI LAS NALGAS A MI MAMÁ

"Me duele la cadera, no lo soporto hijo", me dijo Coco cuando aún se escuchaba el canto de la luna que a media noche expandía su luz. Me duele mucho, y ya esa segunda afirmación me la dijo con lágrimas y desesperación como un niño que no mira a otro lugar y que el dolor se traga su razón y toda su atención. Aquí mira, aquí me duele, coco me señalaba su cadera y un poco más abajo, entonces empecé a tocar su cuerpo, y lo hice como cuando toco el de mis hijos. Pude sentir en ese momento como estaba contracturada su pierna justo hasta la rodilla, su llanto me empezó a presionar, pero sabía que era muscular y que con relajante y un masaje en toda la pierna y hasta la cadera podría ayudarla un poco. Le di la pastilla, y luego un masaje. Miré sin remedio sus nalgas y le di un masaje, y entendí que esto de cuidar no es broma, que el servicio es completo que el cuidado de los padres es exactamente igual al cuidado que ellos tuvieron con nosotros y puede ser una tontería pero es la primera vez que miro las nalgas de mi madre. Coco tiene una pérdida cada vez más clara de la memoria a corto plazo, eso avanza de manera fulminante,  pero por otro lado hay en ella un ser mucho más ligero, una mujer que mira caer la noche y el día sin exigir de más. La música la salva, esa no falla, pongo canciones que le gustan y en medio de su obsesión por encontrar cosas y buscar culpables, empieza a cantar y canta jugando con las notas, las disfruta, se emociona, es un ritual que la pone en trance, como a todos nos pone la música, es el lenguaje de dios decía Beethoven, y lo creo, creo que ese canto divino que eleva nuestro espíritu es un regalo de otro mundo, y mi madre se eleva, así que vuelvo a buscar canciones que la distraigan que la saquen de este dolor que ahora la atrapa porque la ciática le está cobrando la factura. Súbete tu pantalón coco ya terminé se lo digo y me oigo, me desconozco y me reconozco, ahora soy yo el que necesita cantar, el que necesita elevarse y salir por un instante de este cuento donde caí, de esta historia que me tocó donde me aferré a caminar solo, donde hice a un lado a todos. Dónde está mi abuelo me dice mi hijo, y yo lo miro sin poder explicarle que está lejos otra vez, que mi padre recayó y yo me caí con el porque vi su furia y me contagió nos dejó lejos de la paz que habíamos sembrado. ¿Quién entiende realmente una mente partida en mil pedazos?, ¡Ah que asignatura más difícil he decidido cursar con esta vida! y vida es lo que tengo, aún despierto sintiendo la curiosidad y el anhelo por encontrar respuestas, por ayudar un poco a mis padres y a mi mismo, y garantizar un camino más de paz para mis hijos. Hay en la frustración de las enfermedades que aún no tienen cura, la magia de encontrar respuestas y es ahí donde pongo mi atención. Hay en el camino de la música un puente para destrabar la mente agujereada de mi madre y la furia de tren que guarda mi padre, hay en el ejercicio del arte la posibilidad de encontrar un camino, uno que nos de tiempo para sentir paz, que sirva para otras vidas y que les de algo de esperanza y fe.

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