Era ese monstruo que se tragaba mi paz, la de mi madre, mis hermanas, y vi como se tragó a mi padre, estaba ahí hechizando todo, encantando a hombres y mujeres; desencantando la risa que aún guardaba. Entraba la luz a la mitad de la sala, una sala que con dos pasos la cruzabas, y con cinco más recorrías toda la casa, y siempre fue una residencia de Reyes que hospedaba mi risa y mis mundos. Un caballo de humo atado a los jardines inmensos de mi casa y el viento alimentando mi fantasía que era más grande que la realidad sin techo que se tragaba mi poca alegría. Miedo a perderte, un día fuiste mi héroe, luego mi villano, amaba lo que eras hasta que te conocí. Viejo lindo, ¿para que me trajiste al mundo si te ibas a ir? te oí decirle a tu padre, a ese hombre que apenas conociste, que nunca conocí, te dejó a la mitad de la calle de ese pueblo que parece un sueño donde las nubes y el silencio andan desnudos sin que nadie los detenga. Te dejó con esa terrible herida que nunca sanó, con esa herencia maldita de mirar sin máscaras, ¿pero dónde padre? donde se te ocurrió ser un genio, si aquí matan al honesto y al loco. Si sus hermanos fueron capaces de crucificarlo que crees que te pasaría a ti. Nadie se acuerda de ti, nadie se acuerda de tu aliento y te veo ahí peleándote con todas esas voces. ¿para que me trajiste aquí padre hermoso si te ibas a ir? nunca te tuve, nunca nos tuvimos, y qué es tenerse. Me regalaste el valor más hermoso que puede poseer el ser humano, la libertad, la magia terrible de sentirse libre, como tu que vagas como una sombra sin tiempo, pero aquí padre, aquí donde la gente se reúne para escaparse de sí, aquí donde el agua se detiene para estancarse y se filtra en las miradas falsas de familias que no se perdonan pero siguen saliendo en la foto de navidad. No tengo excusas para sentir el vació que me causa este momento, donde no puedo darte más que mi abrazo, que más nos queda mi viejo hermoso, aún sigues aquí. Ahora haces aún lado tu extraño mundo para abrazar a mi madre, a la señora que aceptó sin juicio tu mirada. No me lo tomes a mal, pero en que momento se te ocurrió hacer una familia, ahora estoy aquí mirándote y dejando que la noche me siga soplando al oido que hacer con todo lo que me tocó y no lo sé padre, realmente no lo se, porque como tú, estoy lejos de mis hijos, y me duele me arde la realidad, me aplasta como ese techo que se cae en medio de un terrible terremoto, es eso, un sismo un terrible temblor que abrió nuestra familia y la dejo lejos. ¿Dónde está mi abuela, dónde están las fiestas que vi de niño? me tocaba a mi ser la fiesta y parezco un funeral, abro las manos y me bebo toda la sangre; he descubierto el color nuevamente del sol y la luz que el viento provoca la mirada de mis hijos aunque no despierto mirándolos pero me han despertado de ese terrible sueño donde me perdí, de esa pesadilla que casi me hace saltar de este juego, escaparme de mi. Ahora me elevo, me voy entre todas estas voces, y te oigo silbando como una hermosa ave. No me ha tragado más ese monstruo que nos deshizo, no me dejo mirar por medusa, no hay más esa vieja loca que se tragó nuestra vida. Si te mueres hoy ya te vi, ya entendí quien eras. Dragón libre y filoso que eres que fuiste, que siempre serás.
Dedicado a Mi María y su Simón A mí también me duele que se vaya Simón . Era inquieto, latoso y muy escandaloso, pero era el perrito de María, mi hija: el que llegó en su cumpleaños número siete y se quedó a cuidarla diecisiete años . -Eso no pasa, esta raza vive catorce o quince años, a lo mucho, pero no más- nos dijo el veterinario minutos antes de dormirlo . Cuando llegué y vi a María cargando a Simón con ese amor mezclado con dolor, sentí ganas de llorar, pero me contuve y la abracé . Estaba muy nerviosa, aunque escuchaba con atención lo que el doctor explicaba, y que sin duda era lo mejor . Simón aún me miró. Pude hablarle y acariciarlo, pero ya no reaccionó . Su cuerpo había colapsado: llevaba días sin retener alimento ni agua, vomitaba todo. Estaba a punto de morir . El doctor le aplicó una inyección y salió para que nos despidiéramos . Entonces empezó el llanto, uno imposible de evitar, uno que dolía . Me dolía ver a María, ver cómo los ojos de Simón se apagaban lentam...
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