Te oigo y la voz que canto ese canto se pierde en el dolor, levanta esa mirada que ya la riza está lista para seguir, tengo miedo como la primera vez que fui a la escuela, pero es aquí en este momento que despierte, que arde mi canto de amor y de vida que alimento mi voz con baila de vida que doy gracias a dios por estar vivo, en cada paso, como un hermoso baile de niños pongo mi atención y doy gracias, unas hermosas gracias por seguir vivo, y alimento un ser que busca despertar en mi todo ese poder que sólo el amor puede dar. Comparto lo que se y cobre lo justo por ello, tripulo esta mundo con alegría y fe.
Dedicado a Mi María y su Simón A mí también me duele que se vaya Simón . Era inquieto, latoso y muy escandaloso, pero era el perrito de María, mi hija: el que llegó en su cumpleaños número siete y se quedó a cuidarla diecisiete años . -Eso no pasa, esta raza vive catorce o quince años, a lo mucho, pero no más- nos dijo el veterinario minutos antes de dormirlo . Cuando llegué y vi a María cargando a Simón con ese amor mezclado con dolor, sentí ganas de llorar, pero me contuve y la abracé . Estaba muy nerviosa, aunque escuchaba con atención lo que el doctor explicaba, y que sin duda era lo mejor . Simón aún me miró. Pude hablarle y acariciarlo, pero ya no reaccionó . Su cuerpo había colapsado: llevaba días sin retener alimento ni agua, vomitaba todo. Estaba a punto de morir . El doctor le aplicó una inyección y salió para que nos despidiéramos . Entonces empezó el llanto, uno imposible de evitar, uno que dolía . Me dolía ver a María, ver cómo los ojos de Simón se apagaban lentam...
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