Ir al contenido principal

AL SERVICIO DE LOS CLIENTES

Diferentes, únicos, raros, extraños, ¿por qué tratar de entender nuestras diferencias? Por qué tratar de querer parecernos?, ni siquiera los gemelos son iguales, por más que se vean igual físicamente, cada uno tiene su personalidad, sus deseos, sus miedos, su propio mundo, lo pensaba escuchando a uno de mis clientes, que repite las mismas palabras, 

-quiero ver más veces el logotipo, quiero que se entienda que es mi marca, yo pago y yo exijo que se haga lo que quiero-

las palabras que tumban y retumban, que se vuelven obvias y predecibles, gente insegura que cree, que repitiendo cien veces 

-estoy soy yo no se te olvide, que soy este, mírame bien, soy este- 

van a lograr algo, sin embargo, es un juego al que entré por una necesidad, y luego se convirtió en mi forma de vida, ahora trato de salirme de ese disfraz, pero cargué tanto tiempo la máscara que por momentos se me olvida quien soy, aunque se oiga arrogante, podría incluso decirlo de otra manera, se perfectamente quien No soy, y más aún, se perfectamente lo que no quiero ser.   Soy algo más que el simio amaestrado trabajando al servicio del amo del circo, con perdón y disculpas para los simios que sin duda tienen una mente mucho más pura que la mía que se infecta en cada instante de domesticación. Lo más curioso es que este cliente tiene en sus oficinas, obra de arte de grandes artistas, personas que han tenido el valor de quitarse el disfraz y mostrarse tal cual, como lo he logrado en algunos momentos de mi vida, pero no iba como artista y ahí está la cosa y entonces en el nombre de la razón, el cliente siempre tiene la razón, aunque en mis casi viente años de experiencia creo que el cliente siempre pierda la razón, el atisbo que les llega, y dejan al sentido común lo que creen que es bueno para su marca. 



Comentarios

Entradas populares de este blog

YO SE QUIEN ERES TU

Canto a mi Coco, mi hermosa madre Ya no sabes quién soy. A veces me da rabia. Me cuesta entenderlo. Lo acepto. He aprendido a aceptarlo. Cada día que ibas perdiendo tu memoria, me perdía contigo. Me asfixiaba tu destino, nuestro destino, nuestra historia. Primero mi padre. Ahora tú. Mi coco, mi madre… Me ha tocado entender que así, de repente, la vida puede cambiar. La vida es cambio. Todo el tiempo es cambio. Esa es mi vida. Mirarte ahora, sin que sepas quién soy, es como saber que ya no eres tú pero lo eres. Yo sé quién eres tú. Y eso cuenta. Mis hijos lo saben. Mi padre lo sabe. Tus hijas, tus nietos  tu familia, Y solo nos queda cantar. Cantar sin detenernos. Cantar sin juicios. Unir la voz como dos almas que se buscan. Porque no dejas de cantar. Ahí está el bálsamo que nos calma. Y aprendo de tu risa, de tu risa siempre lista, dispuesta. Aprendo de tu mirada que no se cansa, que está lejos de la mía… Y un día seremos luz. sin tanto drama.   Yo sé quién eres tú. Aunque no ...

LA VOZ DE LA MEMORIA

La voz que me guía cuerpo liviano de mil risas ahí está la memoria ola sobre ola un mar que se extiende, ahí estás tú mirándome sin tiempo, todo es un instante todo se olvida ¿Quién eres? ¿Quién soy? yo sé quién eres y tu alma sabe quién soy madre, amiga, mujer cantas para vivir vives en un eterno canto te veo sin máscaras me ves y me abrazas danza que se abre me tocas y ríes y luego cantas y vuelves a tocarme ahora entiendo tu silencio ahora entiendo tu llanto ahora se extiende tu luz.

EL ÁNGEL DE VARSOVIA EN LA CONDESA

 Quería estallar en llanto, dejar salir mis lágrimas como una cascada con incontenible furia, ¡qué historia tan desgarrante, tan heroica, una mujer capaz de salvar a dos mil quinientos bebes, arrancarlos de mano de los nazis, ¡que vara tan alta nos puso Irena Sendler al ayudar al otro, salvó a un pueblo completo, y que forma de interpretarlo de Fanny Sarfati en este unipersonal, el Angel de Varsovia. Todos por un momento estábamos en el foro Shakespeare, ese viejo teatro que se tragó algunas tardes de mi soledad, una soledad compartida con grandes amigos que he visto desfilar aquí, y ahora una vieja colega me invitaba a regresar con este majestuoso monólogo dirigido por Carlos Rangel,  que arranca con un ritmo lento y poco a poco empieza a subir, y de repente ya estábamos llorando con Irena, al ver a una madre como entrega a su único hijo para salvarlo "no lo dejes dormir solo, no le gusta".  Irena se convirió en el ángel para miles de bebés que fueron arrancados de ...